Incidentes violentos
      es un artículo de Paul Asensio publicada en GARA el 24 de agosto de 1999.


      Incidentes violentos

      Paul Asensio

      El pasado viernes seis personas de diferentes generaciones nos encadenamos en Sabin Etxea portando una pancarta con el lema "PNVk espainola inposatzen du". Fue horas después de que, por decisión del alcalde jeltzale, Iñaki Azkuna, y con el respaldo público del Bizkai Buru Batzar, la bandera española ondease en el Ayuntamiento de Bilbo. Azkuna, ese mismo día se felicitaba porque aquella mañana no se había producido ningún incidente violento. Y esto no es verdad.

      El incidente violento no solamente ocurrió aquella mañana, sino desde el mismo momento en que la decisión se tomó. El incidente violento de izar, también este año, la bandera española dañó la sensibilidad de miles de personas de todo Euskal Herria que estamos trabajando con ilusión y esperanza por tirar adelante con el proceso abierto hace casi un año. El incidente violento fue observar una bandera española custodiada por agentes armados en un ayuntamiento mayoritariamente opuesto a que el símbolo de la españolidad apareciese en el balcón. El incidente violento ha sido que el PNV ha alimentado las dudas sobre su verdadero interés por implicarse en la apuesta de este pueblo. Y es que no se puede hablar de construcción nacional de Euskal Herria mientras los actos refuerzan la construcción nacional, sí, pero de uno de los Estados que precisamente está poniendo las trabas a que los vascos decidamos nuestro futuro y lo llevemos a cabo.

      Azkuna, con el respaldo del Bizkai Buru Batzar, dijo no hacer otra cosa que respetar la legalidad vigente. Otro incidente violento, Esa legalidad vigente no es otra que la marcada por la legislación hispana. Afortunadamente parece ser que dentro del PNV la sensibilidad es otra muy diferente a la mantenida por Azkuna y el BBB, ya que la inmensa mayoría de los ayuntamientos con alcalde de este partido hacen caso omiso a la ley española en lo que se refiere a la colocación de banderas. Parece ser que Bilbo, una vez más, "is different". Mientras, leo con simpatía cómo los pueblecitos catalanes de Cubelles y Vilanova i la Geltrú se han pasado por el arco del triunfo la ley 39/1981 y han colocado solamente la enseña catalana. Y en Madrid hacen pucheritos mirando a aquellas dos poblaciones mientras sonríen y se frotan las manos cuando dirigen la vista a la capital vizcaína.

      El señor Azkuna, respaldado por el Bizkai Buru Batzar, dijo que las banderas "pueden tener significado para unos y ninguno para otros" y que él, desde luego, "no mandaría a nadie a la guerra por ninguna bandera". Puede que tenga razón. Al fin y al cabo, las banderas son símbolos y como bien escribía Alvarez Solís en el diario "Deia", todo símbolo es una emoción. Pero yo, desde luego, me quedo con la emoción del que fuera militante del PNV, Joseba Elosegi, al colocar una ikurriña en lo alto de la catedral del Buen Pastor en el aniversario del Alzamiento franquista, costándole seis meses de prisión, o cuando, veinte años más tarde, en el frontón de Donostia y ante la presencia de Franco saltó desde siete metros envuelto en llamas gritando "Gora Euskadi Askatuta". Recordando estos hechos y también la reciente visita del rey español a Portugalete, las palabras de Azkuna me resultan muy violentas.

      Por cierto, Joseba Elosegi, también fue militante de Eusko Alkartasuna, partido que se felicitó porque la izada de la bandera española se desarrolló "en un ambiente contenido de protesta cívica". Mi pregunta es qué tipo de protesta cívica realizaron los dirigentes de este partido. Mi pregunta es qué han hecho los dirigentes de EA para conseguir que la bandera española no colgase del Ayuntamiento bilbaino.

      Una auténtica muestra de violencia por parte de Iñaki Azkuna fue su decisión de boicotear y no participar en cualquier acto en el que pudieran aparecer la txupinera y el pregonero de estas fiestas, dando violentamente la espalda a las "leyes" populares del verdadero pulmón de la Aste Nagusia, la Coordinadora de Comparsas, que decidió, con la elección de la presa Arantza Garbayo como txupinera, expresar por enésima vez la palabra de este pueblo exigiendo que todo un colectivo de ciudadanos vascos vuelva de una vez a casa a participar del proceso abierto en Euskal Herria. ¿Le molestó el precioso pregón de Irkus Robles en el que habló de un Bilbo euskaldun, de impulsar entre todas y todos Lizarra-Garazi, de la vuelta de nuestros presos y presas?; ¿le molesta el uso del euskara?; ¿le molesta el acuerdo de Lizarra-Garazi?; ¿le molesta la vuelta de nuestros presos y presas?

      El paso constante y provocador, realizando cortes de mangas y otros gestos más fuertes, desde dos días antes del comienzo de fiestas, por parte de varias dotaciones de la Ertzaintza, junto a la txosna donde días después detendrían a Juan Carlos García, la agresión policial sufrida por varios comparseros, la carga que, ­qué casualidad­, las mismas dotaciones, los mismos ertzainas, realizaron ante quienes se concentraron para despedir al joven, el paso a diario durante la Aste Nagusia de furgonetas de la Ertzaintza, ­¡los mismos otra vez!­, por Bilbao La Vieja, barrio de Jotace, el encarcelamiento de este joven tras una operación mediática increíble, la agresividad con que varios municipales, ­concretos, con nombres y apellidos y problemáticos según fuentes de la misma Policía Municipal, ya que tienen algún que otro expediente abierto­, se abalanzaron contra quienes realizaban pintadas, son muestras de incidentes violentos y de que a alguien le interesaba que la Aste Nagusia reventase por algún lado. O quizá algo más que la Aste Nagusia.

      Que Atutxa declare alegrarse de la detención de un militante abertzale en el Estado francés, que Azkuna diga que no sabe si podrá "aparecer a la Asamblea de representantes de Municipios Vascos", que en más de un pueblo se observe con preocupación la falta de interés del partido jeltzale por impulsar el acuerdo de Lizarra-Garazi en el ámbito local, que el PNV del pueblo de Sopela no mueva un solo dedo ante la más que probable e inminente extradición de un vecino de su localidad, que en zonas como Ezkerraldea la actitud de la Ertzaintza esté provocando algo más que preocupación o la aplicación de la ley antiterrorista por parte de este cuerpo a dos jóvenes getxotarras, suponen ejemplos de violencia hacia un proceso que tanta ilusión ha despertado en nuestra sociedad. Y, qué casualidad, esto está ocurriendo en Bizkaia.

      En las fiestas de Bilbo era vox populi que la falta de luces del señor Azkuna, de nadie más, fue la responsable de que el viernes, día de la izada de la bandera española, la ilusión de miles de bilbainos quedase a oscuras. Antes de esconderse hasta el año próximo, Mari Jai le dijo al oído a la txupinera que tenía ganas, muchas ganas, enormes ganas de ver al alcalde bilbaino y darle un abrazo, un fuerte abrazo, un fortísimo abrazo.

      Joseba Egibar declaraba que la Izquierda Abertzale debía mirar puertas adentro y ver si todo el mundo está haciendo una apuesta por las vías políticas y democráticas. Lo que ocurre es que la Izquierda Abertzale lo que está haciendo es mirar de puertas afuera y observa que nuestro pueblo tiene ganas de tirar adelante, que se siente fuerte y que es capaz de ponerse a andar y articular Euskal Herria de una vez por todas. Y para eso necesita representantes políticos decididos, comprometidos y dispuestos a que nada ni nadie pueda frenar una apuesta tan honrada e ilusionante como dura y complicada.

      Desde luego, tengo toda la confianza en este proceso, en dar pasos día a día, en facilitarnos unos a otros el camino. Creo en la necesidad de construir de arriba abajo este país. Me quedo con una fotografía de Ondarroa, donde tras muchos años de bailar a espaldas, dos grupos de dantza, uno más bien cercano a la izquierda abertzale, y otro al partido jeltzale, realizaron un alarde de manera conjunta, provocando emoción y más de una lágrima entre participantes y espectadores. Pero también tengo las dudas de todo abertzale que observa cómo ciertos sectores del PNV hacen unos movimientos tan extraños, tan fuera de lugar, que ve como éste partido aún no ha dado un paso político firme, sin complejos y sin vuelta atrás. Iñigo Urkullu decía que el PNV lleva haciendo construcción nacional 104 años. Eso mismo nos preocupaba a las diferentes generaciones que nos encadenamos en la Sabin Etxea: a qué construcción se refería.

      La izquierda abertzale lleva muchos, demasiados años poniendo toda la carne en el asador, utilizando todos los instrumentos a su alcance para responder a los ataques de dos Estados obcecados en hacer estallar cualquier intento de construir nuestro país. Ha habido y hay realidades repletas de sufrimiento y dolor para demasiadas personas de nuestro pueblo, especialmente para quienes más se han dejado la piel por avanzar hacia una nueva situación para Euskal Herria. En la medida en que aunemos esfuerzos, que pongamos en marcha eficaces instrumentos conjuntos de trabajo y también de respuesta a la agresión constante de los verdaderos interesados en que esto no avance, otro tipo de situaciones no tienen por qué producirse. Si hay que atarse a la vía del tren, nos atamos, pero todos y todas.

      El otro día nos encadenamos, protestamos en la Sabin Etxea. Esta tiene que ser una excepción, una foto para el recuerdo. El malo es otro. Hala pues, a moverse.

      PD: Eskerrik asko Bilboko Konpartseei, zuen lana jaietan benetan Euskal Herria eraikitzea delako. Eta muxu handi bat gure txupinerari eta etxetik kanpo dauden txupinero guztiei. *

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